Acerca de este número
Escuchar no es un acto pasivo. Quienes lo hacen conscientemente se anteceden al habla y motivan un potencial intercambio oral. Se escucha antes de que las otras y los otros hablen. La dimensión activa, y política, de la escucha promueve el reconocimiento y la dignificación de los seres humanos. Y se reafirma, por extensión, una dialéctica del tú y del ustedes. En la escucha está cimentada la noción de comunidad: un territorio creado y nutrido por un nosotros y un nosotras. La diversidad cultural, en ese tenor, no se ciñe estrictamente al respeto o distinción de otras culturas sino a la posibilidad de promover diálogos, conversaciones, intercambios cognitivos constantes; son esas peculiaridades respiratorias y sonoras, artífices de dos acciones tan simples como vitales, las que definen la vida humana: hablar y escuchar, actos siameses que no se entienden el uno sin el otro.
El acercamiento y la reafirmación de las diferentes experiencias culturales de la humanidad, de México en particular, están en esa relación directa mediada por la palabra y el reconocimiento explícito de los dichos, las visiones, las voces, los cuerpos, las miradas oblicuas que señalan los puntos ciegos. La diversidad cultural de México evidencia esta parafernalia: se presenta como un mapa cromático en el que cada color es un pozo inacabable de revelaciones enriquecidas y enriquecedoras. Por ello, en este número de Libros UNAM dedicado a la diversidad cultural hacemos un recorrido por los senderos interminables que transitan las expresiones de las distintas y polifacéticas culturas de la república mexicana. Es José del Val, director del Programa Universitario de Estudios de la Diversidad Cultural e Intercultural de nuestra Universidad, quien nos comparte en su texto de presentación un vislumbre de México como país pluriétnico y multicultural. En esa tesitura, ponemos sobre la mesa de la discusión propositiva y el debate incluyente un mosaico multicolor y profuso de títulos publicados por la unam sobre la temática. Como lo menciona Del Val, reflexiones que aspiran a favorecer “un proceso de inclusión que dignifique no la homogeneización, sino que respete el derecho a la diferencia y preserve la pluriculturalidad”. En el reconocimiento de lo diferente, en la escucha y su prevalencia, están las bases para fortalecer el sentido de pertenencia de una comunidad.